Periodismo según Polosecki
Nosotros hacemos un programa con vecinas de barrio, yo como entrevistador soy una especie de monosilábico balbuceante que a veces ni siquiera termina de hacer una pregunta, simplemente trata de mantener una suerte de canal de comunicación para que sea el otro el que hable. Si hay una antítesis respecto de los que nosotros nos proponemos con el programa es la de ese entrevistador que dice: “Buenos, porque no nos contás cómo es el windsurf, porque quizás la teleplatea no lo conoce”. Ahí el entrevistador sí sabe, el que no sabe es el que mira. Entonces el que está hablando le habla a la cámara, y no al entrevistador. Se supone que si yo pregunto es porque a mí me interesa; se supone que el interés de registrar un momento más que una entrevista, en donde entonces es tan importante un silencio, porque da lugar a un gesto, a poder concentrarse en un detalle de la escena, en un botoncito que tiene en el pulóver el entrevistado y que está hablando de algo, hay información en eso que rodea al tipo que está hablando, y ahí está el interés del programa.
Respecto de cómo se trabaja nuestra entrevista, muchas veces el tema de un programa se decide arbitrariamente porque se tiene la idea a priori de que un lugar, por su sólo paisaje, debe estar cargado de historias. Por ejemplo, un programa de trenes. Muy lejos de nuestra intención es hacer una especie de análisis sobre la decadencia del ferrocarril, o una descripción técnica de los ferrocarriles argentinas, o un alegato prosindical de sus trabajadores, sino más bien eso: hay un paisaje, las construcciones del ferrocarril son maravillosas, hay gente maravillosa laburando ahí, hay obreros de 30 o 40 años de antigüedad con una cultura propia. Ahí está el material básico el programa. Hay un programa cuando hay un mito para nosotros, no una información. Hay un programa cuando se dice que en Buenos Aires hubo buscadores de oro en las cloacas y es nada más que una sospecha, y se encuentra al hombre que efectivamente buscaba oro en las cloacas y ese hombre se convierte en una suerte también de metáfora, si se quiere.
Lo que me interesa particularmente es rescatar la posibilidad de hacer periodismo no atado al orden de lo público. No es lo único importante el terreno de lo político, no digo que no sea importante, es obvio que sí lo es. Es una estupidez decir lo contrario. Pero sí digo que hay tanta información interesante en la persona que tenemos viviendo al lado, o cualquier persona que vive alguna pasión desmesurada, que es válido intentar hacer una suerte de mirada sobre esos campos de la realidad que nos obligan a nosotros también a desprendernos de cierto código de comunicación en la televisión y a adaptarnos a ese laburo.
Lejos de poder ser un analista de medios, se me ocurre que no creo que el terreno de lo público y lo político sea el único de interés. Creo que además de leer los diarios, preocuparnos por nuestros salarios, por quién votar y por el devenir del universo, nosotros seguimos practicando el sexo, el amor, nos desesperamos por la soledad, nos interesa comer bien y ese tipo de cosas que, llevadas a la televisión, pueden significar la invasión de la vida privada. Hay de todas maneras un sistema que ataca esos temas en una elite, de lo que llamamos la farándula: artistas, políticos, periodistas incluso, y todo tipo de gente que aparece en los medios; en los cuales hasta ya hay una forma pactada de esa invasión a la vida privada y hay medio y programas especializados respecto de eso. Se hace un show con eso también.
. Con lo de antiperiodismo me refiero a que le huimos, en algún sentido, a la noticia. Pero no sólo a la noticia de actualidad, sino a convertir en noticia lo mundano. El señor que nosotros vimos está al margen de la ley, en algún punto, y está reñido con las buenas costumbres, si se quiere. Nosotros podríamos hacer una especie de denuncia respecto de estos personajes que entrevistamos, podríamos haberlos filmado con cámara oculta en un auto y grabar una transacción frustrada con un productor y qué sé yo. Antiperiodismo, porque en mi programa me parece que intentamos rescatar una mirada si se quiere artística, subjetiva, personal, respecto de la realidad. Unimos los temas en forma quizás arbitraria o deforme, hay una música que se pone, hay textos que no iluminan demasiado el tema sino que acompañan un relato, a eso me refiero con lo de antiperiodismo. Creo que en mi programa, cuando aparece un tipo que tiene claramente un discurso, cuando hay alguien que formula sus opiniones para convencer, es mortal. Le huimos.

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